El Congreso pronto considerará el proyecto
de ley H.R. 2149, conocida como la Ley de Autoridad para la
Promoción del Comercio (TPA, Trade Promotion Authority).
Conforme a esta autoridad, el Congreso se limita a solamente
aprobar o rechazar, sin efectuar enmiendas, los acuerdos negociados
por la Administración, con lo cual se amplía la
facultad del Presidente para negociar acuerdos comerciales. La TPA
es importante porque garantiza a los socios comerciales de Estados
Unidos que los tratos hechos con negociadores estadounidenses no
sufrirán modificaciones por medio de las enmiendas del
Congreso. Sin esa garantía, muchos países no
están dispuestos a negociar con EE.UU.
Uno
de los grandes desafíos que enfrenta la aprobación de
la TPA es la preocupación entre algunos miembros del
Congreso por el hecho de que el libre comercio pueda generar una
"carrera hacia el fin" de la protección ambiental. Nada
podría estar más alejado de la verdad. Las naciones
pobres no pueden darse el lujo de dar prioridad a la
protección del medio ambiente antes que a los bienes de
primera necesidad como los alimentos o el cuidado de la salud. Si
las naciones pobres tienen que aumentar la protección
ambiental, primero deben aumentar su riqueza. El libre comercio es
un componente necesario para acelerar el crecimiento
económico, y, por lo tanto, es de importancia fundamental
para proveer los medios económicos que permitan a los
países adoptar medidas destinadas a mejorar la
protección al medio ambiente.
COMERCIO Y MEDIO AMBIENTE
Algunos grupos ambientalistas se oponen a
que se otorgue al Presidente la autoridad para promover el comercio
por temor a que los acuerdos de libre comercio sean perjudiciales
para el medio ambiente. Estos grupos, por lo tanto, insisten en que
la TPA exija que las partes involucradas mantengan normas
ambientales mínimas y que las mismas se hagan cumplir
mediante sanciones comerciales obligatorias a aquellos que las
infrinjan.
Si
bien el objetivo de los grupos ambientalistas es loable, su
estrategia no dará como resultado una mayor
protección al medio ambiente entre los socios comerciales de
Estados Unidos, sino que reducirá las posibilidades de
negociar futuros acuerdos de libre comercio, ya que pocos
países están dispuestos a dejar que EE.UU. dicte sus
políticas ambientales internas.
Incluso el lenguaje del acuerdo de libre
comercio de Jordania, que requería que cada país
aplique sus propias leyes ambientales o que estén sujetos a
los mismos mecanismos de solución de conflictos y a las
mismas sanciones que corresponden a una violación de un
acuerdo comercial, es inaceptable para muchas naciones. En lugar de
promover la causa de la protección ambiental, esta
estrategia simplemente castigará a los consumidores
estadounidenses y extranjeros, quienes se podrían haber
beneficiado con los precios más bajos de los bienes
comerciados internacionalmente.
Aun
cuando los acuerdos comerciales fuesen forjados con las
restricciones ambientales que buscan los que se oponen a la TPA, es
probable que, en lugar de promoverla, socaven la protección
ambiental en países en desarrollo. Los países que
tienen mayores ingresos tienen más posibilidades de afrontar
los costos de la protección ambiental. La imposición
de dichos estándares sobre las naciones más pobres
las coloca frente a una encrucijada: pagar la protección
ambiental o pagar productos de primera necesidad como los alimentos
o la atención de la salud.
Según lo ilustra el Dr. Alan
Moghissi, Presidente del Institute for Regulatory Science, en su
testimonio ante la Comisión de Asesoramiento para las
Instituciones Financieras Internacionales (la Comisión
Meltzer), "¿Cómo se le explica a un padre que vive en
la selva tropical brasileña, que es pobre, tiene hijos
enfermos y tiene hambre, que no debe cortar árboles porque
puede afectar a la biodiversidad?". Hasta que no se aborde el tema
subyacente de la pobreza, agrega el Dr. Moghissi, "la pobreza
[será] el equivalente a una exposición al
contaminante más tóxico."
La
clave para incrementar la protección ambiental en las
naciones en desarrollo es incrementar el crecimiento
económico. A medida que el nivel de vida de un país
sube, producto de la liberalización económica y la
expansión del comercio, su industria cuenta con mayores
recursos para controlar las emisiones y sus ciudadanos tienen
más ingresos para destinarlo hacia la mejora de la calidad
ambiental.
El
libre comercio es un componente central para aumentar el
crecimiento económico. Al abrir los mercados y generar
más oportunidades de negocios, el libre comercio fomenta el
crecimiento de la economía recompensando la toma de riesgos,
permitiendo un incremento en las ventas, los márgenes de
ganancias y la participación en el mercado. Las empresas
pueden decidir seguir construyendo sobre la base de esas ganancias,
expandiendo sus operaciones, el ingreso a nuevos sectores del
mercado y la creación de empleos mejor remunerados".
La
liberalización total de la economía, comenzando con
una política comercial abierta, es la estrategia de
preservación ambiental más efectiva porque, junto con
el libre comercio, conlleva directamente a la aceleración
del crecimiento económico. Específicamente, la
evidencia demuestra que:
- Las sociedades más ricas tienen
más posibilidades de exigir e implementar una mayor
protección ambiental, porque cuentan con más recursos
para cubrir los costos de esas políticas. Estas
sociedades no sólo están mejor preparadas para
financiar la protección ambiental, sino que también
han demostrado desear esa protección, deseo que aumenta a
medida que crecen los ingresos. Esta relación está
respaldada por la exhaustiva evidencia publicada por el National
Bureau of Economic Research. Gene M. Grossman y Alan B. Krueger,
por ejemplo, llegaron a la siguiente conclusión:
La
polución parece elevarse cuando el PBI está en bajos
niveles de ingresos, pero a la larga alcanza un pico máximo,
y luego disminuye con el PBI en niveles más altos de
ingresos... Observamos que el crecimiento económico produce
una fase inicial de deterioro seguido por una fase subsiguiente de
mejoría.
Además,
Estados Unidos es un ejemplo de la elasticidad del gasto destinado
a la protección ambiental. Debido a que los ingresos han
crecido las últimas tres décadas, EE.UU. ha aumentado
el "gasto real del gobierno y las empresas destinado al medio
ambiente, y la protección de los recursos naturales se ha
duplicado".
- Los países con economías
libres generalmente poseen una política ambiental más
sostenible. En enero de 2001, el Foro Económico Mundial
(WEF, World Economic Forum), el Centro para la Red Internacional de
Información sobre la Ciencia de la Tierra (CIESIN, Center
for International Earth Science Information Network) y el Centro
para la Ley y la Política Ambientales de la Universidad de
Yale publicaron un índice de Sostenimiento Ambiental (ESI,
Environmental Sustainability Index). Este índice asigna un
número del 0 al 100 al estado del medio ambiente de un
país; el cero corresponde a un sostenimiento bajo y el 100 a
uno alto. Este número representa el éxito que ha
obtenido un país al hacer frente a los desafíos
ambientales y al cooperar con otros países en el manejo y la
mejora de los problemas ambientales comunes.
El Gráfico
1 ilustra la relación entre los puntajes del ESI y del
índice de Libertad Económica 2001 de The Heritage
Foundation y Wall Street Journal. El gráfico muestra una
fuerte relación entre la libertad económica y el
sostenimiento ambiental. Cuanto más libre es la
economía, mayor es el nivel de sostenimiento ambiental.
Estados Unidos es
un clásico ejemplo del impacto beneficioso que tiene la
libertad económica sobre el medio ambiente. Durante
décadas, este país ha sido campeón de la
economía libre mientras que, simultáneamente, ha
mantenido, en promedio, uno de los medio ambientes más
limpios del mundo.

-
Los
países que tienen políticas de inversión y
comercio abiertas generalmente tienen niveles más elevados
de sostenimiento. El libre comercio y la inversión que
usualmente lo sigue son dos fuentes importantes de crecimiento
económico. Por consiguiente, una política comercial
abierta y condiciones favorables para los negocios no solamente
aumentarán el crecimiento, sino que también
proporcionarán los medios para proteger el medio
ambiente.
The Heritage
Foundation calculó un "índice de Apertura del
Comercio" basado en el índice de Libertad
Económica 2001 haciendo un promedio del puntaje asignado
a factores como la política comercial, los derechos de
propiedad, los flujos de capital e inversión extranjera y
las regulaciones. El Gráfico 2 ilustra la relación
entre el índice de Apertura del Comercio y el índice
de Sostenimiento Ambiental. En los países que poseen una
economía abierta al comercio, el puntaje promedio de
sostenimiento económico es más del 30 por ciento de
los puntajes de los países que tienen economías
cerradas al comercio.
Lo que demuestra
el Gráfico 2 es que la liberalización
económica es compatible con altos niveles de calidad
ambiental. Además, no existe evidencia que indique que el
sostenimiento económico disminuya a medida que aumenta la
liberalización de la economía, si bien diversos
estudios han señalado un descenso inicial de los
estándares ambientales a medida que los ingresos crecen.
Como se indicara
anteriormente, si en los acuerdos de libre comercio se incluye
estándares de protección ambiental obligatorios, se
socavarán las perspectivas de mejorar los estándares
ambientales en los países en desarrollo que son socios
comerciales de Estados Unidos. Al reducir la probabilidad de que
estos países celebren acuerdos de libre comercio con EE.UU.,
los requisitos ambientales también reducen la probabilidad
de crecimiento económico y, por consiguiente, su capacidad
para financiar la protección ambiental.

QUÉ SE DEBE HACER
Luchar por imponer regulaciones
ambientales a los socios comerciales de EE.UU. constituye una
estrategia que debilita las perspectivas de eliminar barreras al
comercio y de fomentar el crecimiento económico necesario
para que los países adopten y hagan cumplir la
protección al medio ambiente. Por esta razón, el
Congreso de EE.UU. debería:
- Otorgar al Presidente una autoridad para
la promoción del comercio que no contenga cláusulas
sobre el medio ambiente. Los acuerdos de libre comercio y la
protección al medio ambiente no tienen por qué estar
enfrentados. Sin embargo, la estrategia de los algunos activistas
ambientalistas que consiste en utilizar los acuerdos de libre
comercio para imponer estándares ambientales a las naciones
en desarrollo básicamente no condice con el libre comercio.
Las sanciones y las barreras comerciales automáticas no
tienen lugar dentro de los acuerdos de libre comercio, cualquiera
sea el objetivo que se desee alcanzar.
Incluso
más importante es que la imposición de
estándares ambientales a través de los acuerdos
comerciales de hecho socavaría los esfuerzos por elevar los
estándares en las naciones en desarrollo. Esto se debe a que
reduce la probabilidad de que estos países celebren acuerdos
con EE.UU., con lo cual también se reducen las perspectivas
de lograr el crecimiento necesario para mejorar y sustentar el
medio ambiente. Si contara con una TPA sin restricciones, el
Presidente podría impulsar el libre comercio y, con
él, un medio para que los países puedan aumentar la
protección de su medio ambiente de una forma sustentada a
medida que su nivel de vida vaya subiendo.
- Atender los problemas ambientales en forma
separada de los acuerdos de libre co-mercio. Los asuntos
relacionados con el medio ambiente deberían tratarse
separados de los acuerdos de libre comercio o bien hacerlo mediante
acuerdos paralelos, como se hizo con el Acuerdo Norteamericano de
Libre Comercio (NAFTA). Estos acuerdos ambientales, sin embargo, no
deben socavar de ninguna manera el libre comercio. Los
países pueden comprometerse a cumplir sus propios
estándares ambientales e ir mejorándolos a medida que
vayan obteniendo los recursos para afrontar el costo de esa
protección. Si un país no cumpliera sus propios
estándares, es preferible un sistema de multas o
indemnización compensatoria antes que la aplicación de
sanciones comerciales de ningún tipo. De esta manera, ambos
países pueden abordar y cooperar en los problemas comunes
sin socavar su propósito principal: impulsar el libre
comercio.
Si mantiene al
comercio libre de la carga que implican los temas ambientales, el
Congreso puede preparar el terreno para que los países en
desarrollo aumenten su riqueza y sigan los pasos de las naciones
más ricas, que adoptaron la protección al medio
ambiente a medida que fueron obteniendo los recursos para
costearla.
CONCLUSIÓN
Los
esfuerzos por imponer normas ambientales más estrictas
mediante sanciones comerciales o mediante la imposición de
regulaciones por medio de acuerdos comerciales son inútiles
y contraproducentes. Los países en general, pero en
particular aquellos en vías de desarrollo, pueden proteger
su medio ambiente sólo si sus economías prosperan y
el nivel de vida de sus habitantes mejora.
La
forma más segura de promover políticas ambientales
sostenibles en todo el mundo es aumentar el crecimiento
económico y el nivel de vida en los países pobres. El
crecimiento de la economía se logra con una mayor
liberalización económica, que incluye el libre
comercio. En consecuencia, aquellos a los que realmente les
interesa la protección al medio ambiente deberían
apoyar una autoridad para la promoción del comercio que sea
efectiva para el fomento del libre comercio.
--Ana I. Eiras
es Analista de Política Económica para
América Latina y Brett D.
Schaefer es Fellow Jay Kingham en Asuntos Regulatorios
Internacionales, en el Centro de Comercio Internacional y
Economía (CITE) de The Heritage Foundation. Esto estudio
apareció originalmente en Inglés como Backgrounder
Nº 1480, "Trade:
The Best Way to Protect the Environment", 27 de septiembre
2001.
Notas