Algunos críticos atribuyen el colapso del
año pasa-do en Argentina a las políticas de la
administración Bush. Sin embargo, un análisis
más profundo revela que la administración Bush
tomó la decisión correcta al no respaldar una nueva
extensión del préstamo del Fondo Monetario
Internacional (FMI) para ese país. Adoptar esa alternativa,
habría prolongado, mas que solucionado, el malestar
económico de la República. Por el contrario, la
política de EE.UU. debería crear oportunidades e
incentivos para que los países adop-taran reformas
económicas e instituyeran el estado de derecho en vez de
incrementar su dependencia de los préstamos
internacionales.
La
administración Bush demostró su comprensión de
este principio al realizar dos importantes cambios de
política el año pasado. En primer lugar, puso fin a
la política de rescate ciego de países en crisis; y
en segundo lugar, fortaleció el liderazgo estadounidense en
el comercio al buscar la autoridad para negociar acuerdos de libre
comercio (la llamada Trade Promotion Authority, TPA). La
combinación de estas dos estrategias alentará a las
perturbadas economías de América Latina a implementar
las reformas necesarias por sí mismas--lo que en definitiva
es lo único que garantiza la estabilidad de dichas
reformas.
Lecciones
extraídas de Argentina
Algunos dicen que la caída de la economía
argentina fue el resultado de la política exterior de
EE.UU., en especial la decisión de la administración
Bush de no respaldar un nuevo rescate para Argentina ante la
inminencia del colapso del país. Esta postura ignora que la
crisis de la Argentina es consecuencia directa de las malas
elecciones de política económica implementadas a
nivel doméstico por una sucesión de gobiernos. Si
bien Argentina había acogido algunas políticas de
libre mercado, no realizó las reformas institucionales
necesarias para respaldarlas. Además, recurrió al
incremento de la deuda y al aumento de la carga impositiva, dos
políticas que obstaculizan el desa-rrollo y la
expansión de los mercados.
Los
hacedores de políticas de EE.UU. pueden obtener tres
valiosas lecciones de la experiencia argentina acerca de
cómo abordar la situación de los países de
América Latina que se encuentran en dificultades.
Lección
1: Los rescates internacionales alientan conductas arriesgadas
tanto en los gobiernos como en los inversores
Si alguien debe compartir la responsabilidad de la crisis
de Argentina, es el Fondo Monetario Internacional. Sus propios
archivos muestran que, desde 1983, su financiación a
Argentina ha sido continua e indepen-diente de que el país
cumpliera con las condiciones de los préstamos anteriores o
de que, de hecho, se encontrara en crisis. Este tipo de
práctica respecto de los préstamos acarreó dos
consecuencias negativas. Primero, la ayuda del FMI se
convirtió en un factor predecible y una señal para
los inversores de que su riesgo sería mitigado por un
rescate: la inversión en bonos argentinos generaría
ganancias con 100 por ciento de seguridad a pesar de la
inestabilidad de las condiciones económicas. Segundo, el
gobierno argentino careció de incentivos para implementar
reformas ya que el dinero seguía ingresando. Estas
consecuencias condujeron a la cesación de pago reciente del
país, y provocarán la emigración del capital
si el gobierno actual levantase las restricciones financieras
establecidas por la administración anterior.
Lección
2: Una reforma se implementa efectivamente sólo si surge del
deseo genuino de un país y las prácticas de
concesión de préstamos del FMI socavan el proceso de
reforma
En agosto de 2001, Argentina solicitó una nueva
financiación al FMI para paliar sus problemas
económicos. La respuesta inmediata de Estados Unidos fue
cuestionar si ese esfuerzo se justificaba. Paul O'Neill, Secretario
del Tesoro, Alan Greenspan, Presidente de la Reserva Federal y
Colin Powell, Secretario de Estado, entre otros, declararon
públicamente que los problemas de la Argentina eran
responsabilidad del propio país y que no eran necesarios
nuevos préstamos del FMI. Como consecuencia de esa fuerte
postura, las autoridades argentinas comenzaron a debatir la reforma
económica. No obstante, cuando el FMI anunció
posteriormente que recomendaría un pronto desembolso de
fondos para la Argentina, el debate concluyó. La respuesta
del gobierno argentino claramente demuestra que las
políticas del FMI son contraproducentes e impiden las mismas
reformas que deberían fomentar. Las reformas deben nacer del
propio país para ser duraderas.
Lección
3: Aun cuando se reforme, es fundamental contar con un fuerte
estado de derecho.
El estado de derecho es crucial para el éxito de
las reformas económicas. El mismo, ayuda a mantener la
estabilidad de los cambios e impide que el gobierno anule una ley
con el propósito de abolir una reforma. El futuro de las
economías de los países de América Latina
continuará siendo incierto a menos que se reformen sus
sistemas legales y judiciales. Algunos países de
América Latina han implementado reformas con un éxito
palpable, como lo demuestra el caso de Chile, cuyos líderes
optaron por no depender de la financiación del FMI sino por
alcanzar la libertad económica y política.
Prioridades para
una nueva política estadounidense en América
Latina
La política exterior de Estados Unidos para
América Latina debería promover incentivos para la
reforma. Específicamente la administración Bush
debería:
- Avanzar acuerdos
bilaterales de libre comercio para generar mayores oportunidades
para que las reformas económicas prosperen. La
certeza de un tratado de libre comercio con Estados Unidos alienta
la reforma. La política comercial de EE.UU. en la
región se basa en el establecimiento de un Área de
Libre Comercio de las Américas (ALCA); sin embargo, esta
estrategia ofrece sólo la promesa, no la certeza, de libre
comercio. En consecuencia, ha generado el efecto contrario,
induciendo a los gobiernos a detener sus esfuerzos por liberalizar
para utilizar las reformas como elemento de regateo en las
negociaciones con Estados Unidos. La política comercial de
EE.UU. debería alentar a los países a abrir sus
mercados antes de que se inicien las negociaciones comerciales. La
administración Bush debería ofrecer un acuerdo de
libre comercio a todo país que ya hubiese abierto su
economía. Actualmente se encuentran en curso las
negociaciones con Chile, país que apoya el libre mercado.
Uruguay, que ha tomado sólidas medidas para abrir su
economía durante los últimos años y
está atrayendo mucho del capital que emigra de Argentina,
podría ser el próximo candidato. Esta política
alentaría a otros países a abrir sus mercados e
implementar las reformas necesarias para firmar un acuerdo
co-mercial con Estados Unidos.
- Avanzar la
reforma del FMI con el propósito de corregir sus
contraproducentes prácticas de otorgamiento de
préstamos. Los fundamentos de la reforma del FMI
pueden verse en el informe de la Comisión Asesora de
Instituciones Financieras Internacionales, presidida por Allan H.
Meltzer de la Carnegie Mellon University. Este informe promueve,
por ejemplo, un sistema ba-sado en un conjunto de condiciones
previas que los países deben cumplir como requisito
necesario para obtener un préstamo. Dichas condiciones
incluyen una sólida política fiscal, libertad de
entrada y operación para instituciones financieras
extranjeras y la adecuada capitalización de los bancos
comerciales. La dependencia de los préstamos extranjeros y
las futuras crisis económicas disminuirán en
América Latina si se desarrolla un entorno que promueva la
eficacia y los beneficios de los mercados libres.
Conclusión
La crisis argentina demuestra que los países de
América Latina deben adoptar el capitalismo en su totalidad
para poder lograr una prosperidad duradera. Estados Unidos
debería proporcionar incentivos para que los países
de la región instituyeran las reformas necesarias para
disminuir cada vez más su dependencia de los
préstamos internacionales y para que construyeran y
sustentaran su propia prosperidad con el correr del tiempo.
Ana
I. Eiras es Analista de Política Económica
para Latinoamérica en, y Gerald P. O'Driscoll,
Jr., Ph.D. es Director del, Centro de Comercio Internacional y
Economía (CITE) en The Heritage Foundation.